Quiero poder amarte y besarte,
quiero pasar mis noches contigo,
soñar que siempre estarás conmigo,
abrazarte, acariciarte, tocarte.
Ojalá pudiera acomodarme
en tu pecho mientras contigo duermo,
contigo la vida no es un muermo,
ojalá de mi te enamorases.
Te amo y eso no puedo evitarlo,
la locura a mí ya me invade:
hago cosas sin pensarlas siquiera.
Ojalá pudiéramos amarnos
los dos, sin motivos para dejarlo,
sólo espero que tú me quieras.
Bienvenido
Bienvenid@ a mi blog personal. Deseo que disfrutes mucho de sus contenidos y que te sea útil.
miércoles, 21 de marzo de 2012
domingo, 11 de marzo de 2012
Amor a primera vista
Era la tarde del 11 de marzo. Ella cruzaba la facultad para ir a clase. Entonces, lo vió a él y, mientras se quedaba boquiabierta, ambas miradas se cruzaron y parecía que todo iba a cámara lenta. Él era rubio, tenía el pelo un poquito largo (le llegaba más o menos a la altura del cuello) con el flequillo hacia un lado y sus ojos eran de color verde. Sus labios eran finos, pero seductores y tenía la típica sonrisa hacia un lado de la boca. Vestía una camisa de cuadros azules con una camiseta blanca debajo y vaqueros rotos. Ella era de piel muy pálida y tenía el pelo largo y rizado y sus labios eran muy rojos de habérselos pintado con una barra de labios. Su pelo era rubio y sus ojos eran grises. Aquel día ella se había puesto una falda de encaje color rosa pálido, una blusa blanca y tacones de color negro.
Cuando ya se habían cruzado, sorprendido por la belleza de ella, se giró para verla mejor y se quedó mirándola en un profundo estupor. Ella también se giró y lo miró a él ensimismada. Entonces ella se dió cuenta de que lo estaba mirando con esa cara de tonta y, por vergüenza, se dió media vuelta y se fue.
A partir de entonces, cada vez que ella lo veía de lejos, daba una vuelta más larga con tal de no tener que encontrárselo cara a cara y pasar vergüenza por lo que había pasado aquella vez. Sin embargo, un día, ella tenía clase, pero él se hallaba en la puerta del aula. Ella empezó a ponerse nerviosa y no sabía qué hacer. Se acercó a la puerta del aula e intentó entrar sin que él se diera cuenta, pero él estaba allí esperándola a ella, puesto que había ido allí con esa intención.
Cuando ella entraba por la puerta, él la agarró del brazo y con su otra mano la agarró de la cintura y acercó su cuerpo al suyo y la ahogó en un beso tan profundo como el abismo y tan tierno como un corderito recién nacido, tan lleno de amor como una flecha de cupido y tan repleto de pasión como los pétalos de una rosa roja.
Unos momentos después sus labios por fin se separaron.
- 'Aquel día dejé que huyeras, pero después decidí que no podía volver a dejarte desaparecer de mi vida. He estado noches sin dormir y días sin comer pensando en ti, preocupado por si no te volvía a ver en la vida. Te necesito junto a mí.'-dijo él.
- 'Lo nuestro es amor a primera vista y lo demás son tonterías.'- le respondió ella.
Y no se volvieron a separar hasta que la muerte los separó, y aún así fueron enterrados juntos.
Cuando ya se habían cruzado, sorprendido por la belleza de ella, se giró para verla mejor y se quedó mirándola en un profundo estupor. Ella también se giró y lo miró a él ensimismada. Entonces ella se dió cuenta de que lo estaba mirando con esa cara de tonta y, por vergüenza, se dió media vuelta y se fue.
A partir de entonces, cada vez que ella lo veía de lejos, daba una vuelta más larga con tal de no tener que encontrárselo cara a cara y pasar vergüenza por lo que había pasado aquella vez. Sin embargo, un día, ella tenía clase, pero él se hallaba en la puerta del aula. Ella empezó a ponerse nerviosa y no sabía qué hacer. Se acercó a la puerta del aula e intentó entrar sin que él se diera cuenta, pero él estaba allí esperándola a ella, puesto que había ido allí con esa intención.
Cuando ella entraba por la puerta, él la agarró del brazo y con su otra mano la agarró de la cintura y acercó su cuerpo al suyo y la ahogó en un beso tan profundo como el abismo y tan tierno como un corderito recién nacido, tan lleno de amor como una flecha de cupido y tan repleto de pasión como los pétalos de una rosa roja.
Unos momentos después sus labios por fin se separaron.
- 'Aquel día dejé que huyeras, pero después decidí que no podía volver a dejarte desaparecer de mi vida. He estado noches sin dormir y días sin comer pensando en ti, preocupado por si no te volvía a ver en la vida. Te necesito junto a mí.'-dijo él.
- 'Lo nuestro es amor a primera vista y lo demás son tonterías.'- le respondió ella.
Y no se volvieron a separar hasta que la muerte los separó, y aún así fueron enterrados juntos.
sábado, 10 de marzo de 2012
Beso dormido
Antes de irte, dame un beso. Haz que éste sea el más suave, lleno de amor y profundo, por si la próxima vez que nos veamos tú ya no respires o porque yo no forme parte de este mundo, por si la próxima vez que nos encontremos tus labios sean fríos y no sean capaces de moverse o por si yo no pudiera volver a sentir otro beso, para poder recordar el último beso siempre como si del mismo momento del beso se tratara, para que el amor que se sintió en ese último beso dure para siempre.
martes, 6 de marzo de 2012
Una gran lección aprendida
Era un día frío de invierno, ya había oscurecido y Lucía volvía a casa después de trabajar. Estaba muy cansada, pues había estado en la oficina durante largas horas a causa de un proyecto que tenía que tener terminado unos días después.
Lucía volvía en coche. Llegando a su casa tuvo que frenar bruscamente por culpa de un conductor que no había respetado un “ceda el paso” y que casi provocó un accidente. Éste bajó la ventanilla y le gritó indignado:
- ‘Mujer tenía que ser.’
Lucía decidió ignorarle y reanudó la marcha, puesto que a ese tipo de personas había que ignorarlas.
Lucía llegó por fin a casa y abrió la puerta con esperanzas de que su marido le hubiera hecho la cena, tanto a ella como a sus hijos. Saludó cariñosamente a su marido como hacía cada tarde cuando llegaba del trabajo. Después fue a la cocina para ver si su marido había cocinado algo. Como cada tarde, se llevó una decepción: no había nada preparado.
- ‘Amor, ¿Qué les has preparado a los niños para cenar?’- preguntó ella a su marido.
- ‘Nada. Estamos todos esperando a que nos hagas tú la cena.’
Lucía se enfadó, pero no dijo nada, sino que fue a la cocina y preparó una deliciosa ensalada y unos filetes de pollo a la plancha. Comieron todos y los niños se acostaron. Lucía y su marido se sentaron en el sofá a ver la tele. Como siempre, él cogió el mando a distancia y puso el fútbol. Ella le dijo que le hubiera gustado ver una serie que emitían cada martes por la noche. Esto desembocó en una gran pelea, puesto que su marido no trabajaba, pero tampoco limpiaba la casa (ni siquiera ayudaba a limpiarla), ni cocinaba, ni llevaba a los niños al colegio (ni los recogía). Es decir, no hacía nada: el día lo pasaba sentado en el sofá viendo la televisión o en el bar bebiendo cerveza con los amigos. Ni siquiera se preocupaba por que sus hijos hicieran los deberes. Para colmo, Lucía tenía que ver lo que él quería ver en la televisión cuando llegaba tarde de trabajar.
Tras la pelea, Lucía decidió que su marido iba a dormir aquella noche en el sofá, pues estaba muy enfadada y se fue a la cama.
A la mañana siguiente, como cada día, fue a trabajar y cuando volvió a casa se encontró con lo mismo de cada día: la casa hecha un desastre y su marido sentado en el sofá esperando a que llegara ella para hacerle la cena. Como estaba harta de la situación, Lucía sólo hizo la cena para Mario, su hijo de 7 años, y María, su hija de 16 años. Cuando su marido vió que ella no le había hecho la cena se enfadó y se fue al bar a tomarse unas cervezas.
- ‘Mamá, ¿Por qué no le has hecho la cena a papá?’- le preguntó Mario a Lucía.
- ‘Pues, porque mamá trabaja y no lo puede hacer todo ella sola y si papá no trabaja ni hace nada su deber es colaborar con mamá.’- le respondió Lucía.
- ‘¿Igual que nosotros cuando nos dices que hagamos la cama y no la hacemos?’-le preguntó Mario.
- ‘Sí, cariño, sí.’
Mario ya no preguntó nada más, sino que dejó la comida y fue corriendo a su habitación a hacer la cama. Cuando volvió a la mesa para comer, Lucía le preguntó adónde había ido y Mario le dijo que no había hecho la cama y que había ido a hacerla para que ella no la tuviera que hacer. Lucía se rió pero ya no dijo nada más.
Cuando Lucía se despertó a la mañana siguiente notó la ausencia de su marido en la cama. Pensó que quizás estuviera dormido en el sofá, pero tampoco estaba allí, así que aunque estuviera preocupada por su marido decidió no llamarle para averiguar dónde estaba y empezó a preparar el desayuno. La casa estaba en pleno silencio, un silencio que molestaba. De pronto, Lucía sintió que alguien le tocaba la cintura y se sobresaltó, no se lo había esperado: no había escuchado a nadie venir. Giró la cabeza y vió que era su marido, quien estaba vestido y recién duchado, algo raro en él para ser por la mañana temprano.
- ‘¿Y tú por qué te has vestido tan pronto?’- le interrogó ella extrañada.
- ‘¿Acaso no puedo llevar a mis hijos al colegio?’- le contestó él con otra pregunta.
Ella decidió callarse. Lo prefería así porque una nueva pelea sólo provocaría que él se enfadara, no llevara a sus hijos al colegio y que sus hijos llegaran tarde. Simplemente preparó el desayuno y no dijo nada más al respecto.
Aquella tarde, cuando volvió a casa de trabajar, encontró a su marido tumbado en el sofá, como cada tarde, pero esta vez no estaba él en pijama. Ella pensó que esto era muy raro. Además, la casa estaba muy limpia.
Cuando entró en la cocina vió que no había vasos sucios ni nada parecido y que estaba todo limpio. No se lo creía, así que fue al comedor y se llevó una gran sorpresa al encontrarse la cena ya puesta en la mesa, dos copas de vino ya servidas y la mesa llena de pequeños corazones de papel de color rojo. Ella lo observó todo boquiabierta. Cuando se dio la vuelta para dirigirse al salón para darle las gracias y un beso a su marido, se encontró con que éste estaba en la puerta.
- ‘Nuestros hijos ya han cenado. Mario está acostado y María está terminando de hacer unos deberes de biología. Me he dado cuenta de que tú sola no lo puedes hacer todo y que yo debo ayudarte. Debo decirte que tenemos una cosa muy importante que celebrar.’- hubo una larga pausa en la que ella le miraba extrañada mientras se preguntaba de qué trataba.-‘Tengo trabajo. Mañana empiezo. Esta mañana hice la entrevista. A partir de ahora seré conserje en un instituto.’
Ella se alegró muchísimo y lo felicitó. Mientras cenaban planearon cómo se podían repartir entre todos las tareas del hogar y a partir de ese día todo cambió: todos ayudaban siempre en casa y el marido de Lucía se encargó de preparar la cena cada noche.
Mientras, en otro lado de la ciudad, había un hombre llamado Gregorio que vivía con Elsa, su novia. Tanto Gregorio como Elsa habían estado anteriormente casados con otra pareja. Elsa había tenido una hija con su exmarido y Gregorio había tenido una hija y un hijo con otra mujer. Elsa había llegado a un acuerdo con su exmarido y éste cuidaba de los niños durante el fin de semana y ella en los días laborables. Sin embargo, Gregorio no tenía esa suerte, sino que su exmujer tenía la custodia total de sus hijos, la cual le había sido concedida porque ella había alegado que su marido le maltrataba físicamente, pero la realidad era otra distinta. Gregorio no sería capaz de hacerle daño ni a una mosca. Su exmujer obviamente no tenía pruebas de este maltrato pero, aún así, por pena y porque era una mujer “indefensa” el juez le había concedido la custodia total de sus hijos e incluso le había impuesto una orden de alejamiento para que éste no se pudiera acercar a sus hijos.
Poco a poco, tras sufrir muchísimo y tras luchar por conseguir la custodia compartida, consiguió que el juez le creyera a él y el juez le concedió a él la custodia completa y mandó encarcelar a su exmujer por haber mentido a la ley.
En el colegio un día, Pablo, hijo de Gregorio, le preguntó a Matilde, su profesora, por qué las niñas podían vestir de rosa y por qué a los niños no se les podía regalar flores. Matilde, sin embargo, no le pudo responder.
- ‘¡Pero eso es injusto! Yo soy niño y me gustaría que me regalaran una flor. Son muy bonitas.’- le dijo Pablo.
- ‘Sí, Pablito, es muy injusto, igual que el hecho de que a mí me pagan menos por estar aquí que lo que le pagan a un hombre.’
Pablo insistió en que aquello también era muy injusto y se enfadó. Matilde le preguntó por quién o por qué estaba enfadado, a lo cual Pablo respondió:
- ‘Con el mundo, porque no es justo que en este mundo se impidan hacer cosas por ser mujer o por ser morenito o por hablar raro.’
- ‘Tienes razón, Pablito, y por ello tienes que aprender y hacer que los demás aprendan que todos somos iguales y que debemos tener los mismos derechos que los demás.’
Aquel día y aquellas palabras de Matilde nunca se le olvidaron a Pablo y durante el resto de su vida intentó inculcar esos valores a todo el que no los tenía. A muchos logró convencerlos, aunque a algunos no, pero logró cambiar la forma de pensar de muchas personas.
Pablo se hizo profesor en una universidad y un día escuchó una conversación ajena. No tenía la intención de escucharla ni quería, pero acabó escuchándola:
- ‘¿Has visto cómo está Amanda? ¿A que está para comérsela?’- preguntó David, uno de sus alumnos, a otro.
- ‘ Sí, tío, pero es una puta de cuidado’- le contestó Gabriel, el otro alumno.
- ‘Oye, ahí va Ricardo, ¿Se follaría a Eva al final?’- le preguntó David.
- ‘No sé, han pasado dos días desde que quedó con ella, seguro que se ha tirado a otras cinco chavalas en este tiempo.’
- ‘Ya ves, tío, es el dios del sexo: se las lleva a todas a la cama sin hacer prácticamente nada para camelárselas.’
Tras escuchar esa barbaridad, Pablo entró a la clase donde debía dar la clase unos minutos despues. Aquel día decidió no dar el temario, sino una lección sobre la igualdad, no sólo de género sino también racial, homofobia, etc.
Pablo hasta después de muchísimo tiempo lo supo, pero con su charla hizo ver a un alumno, Marcos, quien maltrataba física y psicológicamente a su novia (nieta de Lucía) , a quien en realidad amaba sin medida, que ya no debería maltratarla, sino mostrarle todo el amor que pudiera. Inspirado por Pablo, Marcos hizo lo mismo que Pablo: intentar enseñar la valiosa lección de que todos somos iguales.
Un día, sentado en un bar tomándose una cerveza, Marcos conoció a un señor extranjero y con él habló de la igualdad de género. Éste, al saber que Marcos, que ahora también era profesor, daba lecciones sobre la moralidad en sus clases para hacer a sus alumnos más tolerantes, le pidió su nombre e información para poder contactarle. Este hombre, quien no había revelado su identidad en ningún momento, era uno de los encargados en decidir quién merecía un premio nobel.
Marcos recibió el premio nobel de la paz, lo que le pilló por sorpresa, pero en el acto de entrega dijo lo siguiente:
- ‘Este premio será eternamente agradecido, pero yo no soy quien se lo merece. Veréis, yo sólo he hecho lo que he hecho gracias a un profesor que tuve en la universidad, Pablo García. Debo confesar que, cuando conocí a Pablo, yo era un monstruo. Maltrataba a mi pareja tanto psicológicamente como físicamente. Nadie lo sabía entonces, o eso creo, pero gracias a Pablo, que un día nos dio una lección sobre la igualdad de género, dejé de ser ciego. Por fin vi la realidad y dejé de tratar así a mi pareja, la cual siete años después se casó conmigo y tuvimos tres hijos. Ahora ella es la persona más feliz del mundo, gracias a mí, a que en su momento supe cambiar y tratarla bien. Sólo me arrepiento de una cosa, y eso es de no haberla tratado bien desde un principio. Aún así, si yo no hubiera cambiado mi forma de ser cuando lo hice, no sólo hubiera destrozado la vida de ella, sino también la mía, ya que sin ella y sin su amor y cariño, yo no soy nada. Dicho esto, me pondré en contacto con Pablo cuanto antes para entregarle a él este premio, puesto que es quien de verdad se lo merece.’
Marcos pensaba que con lo que había contado iba a haber rechazo por parte del público, pero se encontró todo lo contrario, no hubo ni una persona en aquella sala que no aplaudiera. Lo importante es que había aprendido la lección y que ya no despreciaba a las mujeres por ser mujeres.
martes, 30 de agosto de 2011
Encuentro inesperado
Mi pelo dorado cubría mi cara, el viento hacía que se saliera de su sitio. Eran las 7 de la mañana y empezaba a amanecer, a pesar de que aún quedaran estrellas en el cielo. Yo me encontraba sentada en el borde de un precipicio desde el que podía contemplar la ciudad y el mar. Siempre me había ido hasta allí cuando estaba triste. Una lágrima recorría mi cara al recordar que aquel día estaba obligada a unirme en matrimonio con aquel monstruo. Después otra. Y una más. Y otra. Ya no podía contener mi tristeza y no pude evitar llorar sin parar. Miré hacia una estrella y le supliqué que me ayudara.
- ¿Qué haces aquí sentada al borde de un precipicio en un vestido de novia?
Levanté la vista y estaba allí el chico más guapo que había visto nunca. Se acercó aún más y se sentó a mi lado.
-Cuéntame, ¿Qué te pasa? -me dijo- No me gusta ver a mujeres tan bonitas llorando.
Yo normalmente no contaba mis problemas a nadie, pero él me inspiró tanta confianza que decidí contárselo. Entonces, cuando se lo había contado, se levantó y puso la mano para que se la cogiera. Se la cogí y me ayudó a levantarme.
-¿Cómo has llegado?- me preguntó.
-Andando-le contesté.
-¿Andando? ¿Tan lejos? ¿Y con el vestido de novia y el velo y todo? Bueno, yo he venido en coche, así que súbete.
- Va en contra de mis principios subirme en el coche de un desconocido, lo siento. Aún así, muchas gracias-le dije.
-No me consideres como un desconocido. Soy tu vecino de al lado, llevo escuchando las peleas con tu pareja desde hace meses y te vi salir de la casa esta mañana y te seguí con el coche para asegurarme de que estabas bien. Me llamo Jorge, por cierto.
-Es verdad. Yo soy María. Gracias.
Entonces me subí a su coche y me llevó a casa. Yo iba a volver a mi casa, pero me agarró del brazo.
-Porfavor no cometas el grave error que estás a punto de cometer- me suplicó.
-Pero debo hacerlo, sino me seguirá hasta donde sea para matarme.
-Coge las cosas más importantes de tu casa y quédate unos días en la mía. Denúncialo y ven conmigo a otra ciudad. Deja que yo te proteja, por favor. No puedo dejarte así.
-No me conoces de nada, no tendrías que preocuparte, a ti mi vida no te tiene que importar-entonces fui corriendo a mi casa.
-Sí me importa tu vida y me importas tú. Te he estado observando desde que vivo aquí y eres la persona más bella que he conocido en mi vida y, por lo que he visto, la persona más buena que me he podido encontrar. Ven conmigo, por favor.
De repente se me subió la adrenalina. Entré corriendo a casa, cogí la maleta y la llené de mis papeles importantes y de algo de ropa y fui corriendo a su casa.
Al día siguiente denuncié a quien iba a ser mi marido por malos tratos y por amenaza de muerte. Tras 9 meses de lucha, por fin lo encerraron en la cárcel durante 30 años, en los cuales me dio tiempo a cambiar mi identidad y a mudarme a otra ciudad y rehacer mi vida junto a Jorge, de quien acabé enamorándome, ya que su gran corazón logró conquistarme del todo. Por fin viví mi cuento de hadas.
- ¿Qué haces aquí sentada al borde de un precipicio en un vestido de novia?
Levanté la vista y estaba allí el chico más guapo que había visto nunca. Se acercó aún más y se sentó a mi lado.
-Cuéntame, ¿Qué te pasa? -me dijo- No me gusta ver a mujeres tan bonitas llorando.
Yo normalmente no contaba mis problemas a nadie, pero él me inspiró tanta confianza que decidí contárselo. Entonces, cuando se lo había contado, se levantó y puso la mano para que se la cogiera. Se la cogí y me ayudó a levantarme.
-¿Cómo has llegado?- me preguntó.
-Andando-le contesté.
-¿Andando? ¿Tan lejos? ¿Y con el vestido de novia y el velo y todo? Bueno, yo he venido en coche, así que súbete.
- Va en contra de mis principios subirme en el coche de un desconocido, lo siento. Aún así, muchas gracias-le dije.
-No me consideres como un desconocido. Soy tu vecino de al lado, llevo escuchando las peleas con tu pareja desde hace meses y te vi salir de la casa esta mañana y te seguí con el coche para asegurarme de que estabas bien. Me llamo Jorge, por cierto.
-Es verdad. Yo soy María. Gracias.
Entonces me subí a su coche y me llevó a casa. Yo iba a volver a mi casa, pero me agarró del brazo.
-Porfavor no cometas el grave error que estás a punto de cometer- me suplicó.
-Pero debo hacerlo, sino me seguirá hasta donde sea para matarme.
-Coge las cosas más importantes de tu casa y quédate unos días en la mía. Denúncialo y ven conmigo a otra ciudad. Deja que yo te proteja, por favor. No puedo dejarte así.
-No me conoces de nada, no tendrías que preocuparte, a ti mi vida no te tiene que importar-entonces fui corriendo a mi casa.
-Sí me importa tu vida y me importas tú. Te he estado observando desde que vivo aquí y eres la persona más bella que he conocido en mi vida y, por lo que he visto, la persona más buena que me he podido encontrar. Ven conmigo, por favor.
De repente se me subió la adrenalina. Entré corriendo a casa, cogí la maleta y la llené de mis papeles importantes y de algo de ropa y fui corriendo a su casa.
Al día siguiente denuncié a quien iba a ser mi marido por malos tratos y por amenaza de muerte. Tras 9 meses de lucha, por fin lo encerraron en la cárcel durante 30 años, en los cuales me dio tiempo a cambiar mi identidad y a mudarme a otra ciudad y rehacer mi vida junto a Jorge, de quien acabé enamorándome, ya que su gran corazón logró conquistarme del todo. Por fin viví mi cuento de hadas.
lunes, 25 de julio de 2011
Ojalá
Ojalá te dejaras conocer, ojalá dejaras que descubriera tu mundo, por el cual me gustaría viajara como quien viaja por primera vez por la selva del amazonas. Ojalá me dejaras descubrir tu sinceridad, tu bondad y tu fidelidad. Ojalá dejaras que descubriera qué hay detrás de esa gran sonrisa y qué hay detrás de una lágrima caducada. Ojalá dejaras que te contara por qué sonrío. Ojalá quisieras intentar que sonriamos juntos. Ojalá desconectaras, con que sea media hora, de tu mundo para descubrir otro, el de los sentimientos. Ojalá me dejaras que te muestre mi mundo y el por qué de mi manera de pensar. Ojalá me llevaras a ver brillar con que sea una sola estrella, para que ilumine una pequeña parte de mi camino. Ojalá me dejaras descubrir la maravillosa persona que pienso que eres. Ojalá quisieras que nos uniéramos como dos gotas de lluvia para intentar formar un charco de agua. Ojalá los deseos fueran realidades y no sólo quedaran en simples deseos.
jueves, 21 de julio de 2011
Romance melancólico en París
Eran las 10 de la noche. Yo me encontraba sentada sobre mi cama, en mi estudio de París, observando la torre Eiffel mientras caía suavemente la nieve sobre ella. Se encontraba iluminada, aunque la única iluminación que había a su alrededor aparte de la suya era la débil luz de las antiguas farolas parisinas. La luna, junto a las estrellas, iluminaba a una pareja que se besaba apasionadamente bajo la nieve. Entonces es cuando me acordé de él, de las pocas tardes que había pasado con él allí, también besándome con él bajo la nieve. Recordé sus frías manos, heladas por el frío, sus calientes labios, que a su vez calentaba los míos, sus brazos que sin palabras afirmaban que yo era suya y sólo suya y que no me dejarían marchar jamás, su cuerpo en sí, que no quería separarse del mío, sus ojos que me pedían con su mirada que no le dejara marchar o que me fuera con él hasta el fin del mundo. Lágrimas empezaron a recorrer mi cara y a resbalarse por mis mejillas. Él me seguía amando y yo a él, sólo nos separaban unos kilómetros y, aunque yo supiera que dentro de unos meses nos volveríamos a ver, estaba triste porque lo echaba de menos. Entonces, miré las estrellas y escuché la sonrisa inocente de un niño y, seguidamente, observé cómo un niño rubio con capa jugaba con un zorro bajo la torre. Entonces me di cuenta de quién era: el principito. Y también recordé cuánto el principito amaba a su rosa, igual que yo a la mía. Poco a poco el principito y el zorro desvanecieron y me di cuenta de que era un truco de mi imaginación y decidí escribirle una carta a mi rosa recordándole cuánto le amaba. Pocos días después, recibí una corta contestación: "te amo y te amaré siempre. Eres la luz más bella que ilumina mi vida. Cásate conmigo".
Suscribirse a:
Entradas (Atom)