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sábado, 14 de abril de 2012

Llena de pena

Me siento atrapada,
por ti ya nada siento
al menos no te miento:
estoy amarrada, agobiada.

Por ti estoy apagada,
ya no me ilumino
soy como un pepino
sin sabor y amargada.

Nunca pude sentir tanto odio
hacia alguien que tanto amaba
y por tu culpa se perdió ese amor

para mi es insignificante el anillo de rodio
que me regalaste cuando te adoraba
por tu culpa siento mucho dolor.

viernes, 13 de abril de 2012

Puro pecado

Cuando pienso en ti,
mi corazón fuertemente late,
mi sangre se revuelve y se bate,
gracias a ti vuelvo a vivir.

Me haces hervir,
mi esencia se abre
y como el chocolate
me empiezo a fundir.

Te introduces en mi cuerpo
suavemente y con caricias
y haces que me excite

mientras me besas el cuello
y mientras gemidos inicias
haciendo que me avive.

jueves, 12 de abril de 2012

Sedúceme esta noche

Sedúceme esta noche
acaríciame, abrázame,
quiéreme, bésame,
haz lo que soñé anoche.

Sedúceme esta noche,
hazme feliz, pláceme,
rózame, quemame,
hasta la medianoche.

Hazme gemir,
hazme gritar,
házmelo aquí,

hazme estallar,
hazte fluir
dentro de mí.

Amor y muerte

El amor y la muerte son iguales: ambos llegan algún día, ambos se olvidan, ambos vuelven a aparecer y ambos duran una eternidad.

Tiempo

Demasiado tiempo ha pasado
desde que por última vez nos vimos
desde que muchas aventuras vivimos
espero que nada haya cambiado.

Demasiado tiempo ha pasado
desde que en autobús nos fuimos
desde que mucho nos reímos
espero que nada hayas olvidado.

Mucho tiempo me dedicaste
yo te lo seguiré dedicando
hasta que el Sol ya no se ilumine.

Feliz era contigo caminando,
cuando te necesité me apoyaste
desde siempre somos afines.

lunes, 26 de marzo de 2012

:)

No sé cómo explicar lo que siento en mi interior al haber alcanzado uno de mis mayores logros en cuanto a los estudios: me han concedido una beca para estudiar en la Universidad Autónoma de Madrid. Esto me ha iluminado la vida, justo en el momento en el que cobraba más oscuridad, dando lugar a muchas emociones. Estoy triste, sé que ya no volveré a Málaga, sino que seguiré con mi camino hasta llegar lejos, pero a la vez soy feliz, puesto que se ha cumplido uno de mis mayores sueños. Por supuesto echaré de menos a las personas a las que más quiero (mi familia, David y su familia, a mis compañeros de clase...), pero soy feliz sabiendo que los volveré a ver de vez en cuando y tendré mil historias que contarles y ellos tendrán miles de cosas que contarme a mí también.
Lo más difícil será la despedida. La única persona que no sé si volveré a ver es a mi abuelo, una de las personas que más me ha ayudado a conseguir esto, gracias a que en su momento me hizo ver que era importante estudiar, pero me iré feliz sabiendo que la última vez que lo vi era feliz y se sentía muy orgulloso de mí.
En cuanto a la vida allí, me esperan muchas sorpresas, algunas serán buenas y otras malas, pero así es la vida y seré la persona más feliz estando junto a la persona a la que más quiero en esta vida, que es lo que ambos queríamos.
Y, por supuesto, seguiré escribiendo...

miércoles, 21 de marzo de 2012

Un pecado en 4 versos

Estoy dormida en tu cómodo pecho
tras hacer contigo lo que deseaba.
Yo junto a ti estaba cuando soñaba,
ya no hay marcha atrás para lo hecho.

Deseos de amor

Quiero poder amarte y besarte,
quiero pasar mis noches contigo,
soñar que siempre estarás conmigo,
abrazarte, acariciarte, tocarte.

Ojalá pudiera acomodarme
en tu pecho mientras contigo duermo,
contigo la vida no es un muermo,
ojalá de mi te enamorases.

Te amo y eso no puedo evitarlo,
la locura a mí ya me invade:
hago cosas sin pensarlas siquiera.

Ojalá pudiéramos amarnos
los dos, sin motivos para dejarlo,
sólo espero que tú me quieras.

domingo, 11 de marzo de 2012

Amor a primera vista

Era la tarde del 11 de marzo. Ella cruzaba la facultad para ir a clase. Entonces, lo vió a él y, mientras se quedaba boquiabierta, ambas miradas se cruzaron y parecía que todo iba a cámara lenta. Él era rubio, tenía el pelo un poquito largo (le llegaba más o menos a la altura del cuello) con el flequillo hacia un lado y sus ojos eran de color verde. Sus labios eran finos, pero seductores y tenía la típica sonrisa hacia un lado de la boca. Vestía una camisa de cuadros azules con una camiseta blanca debajo y vaqueros rotos. Ella era de piel muy pálida y tenía el pelo largo y rizado y sus labios eran muy rojos de habérselos pintado con una barra de labios. Su pelo era rubio y sus ojos eran grises. Aquel día ella se había puesto una falda de encaje color rosa pálido, una blusa blanca y tacones de color negro.
Cuando ya se habían cruzado, sorprendido por la belleza de ella, se giró para verla mejor y se quedó mirándola en un profundo estupor. Ella también se giró y lo miró a él ensimismada. Entonces ella se dió cuenta de que lo estaba mirando con esa cara de tonta y, por vergüenza, se dió media vuelta y se fue.
A partir de entonces, cada vez que ella lo veía de lejos, daba una vuelta más larga con tal de no tener que encontrárselo cara a cara y pasar vergüenza por lo que había pasado aquella vez. Sin embargo, un día, ella tenía clase, pero él se hallaba en la puerta del aula. Ella empezó a ponerse nerviosa y no sabía qué hacer. Se acercó a la puerta del aula e intentó entrar sin que él se diera cuenta, pero él estaba allí esperándola a ella, puesto que había ido allí con esa intención.
Cuando ella entraba por la puerta, él la agarró del brazo y con su otra mano la agarró de la cintura y acercó su cuerpo al suyo y la ahogó en un beso tan profundo como el abismo y tan tierno como un corderito recién nacido, tan lleno de amor como una flecha de cupido y tan repleto de pasión como los pétalos de una rosa roja.
Unos momentos después sus labios por fin se separaron.
- 'Aquel día dejé que huyeras, pero después decidí que no podía volver a dejarte desaparecer de mi vida. He estado noches sin dormir y días sin comer pensando en ti, preocupado por si no te volvía a ver en la vida. Te necesito junto a mí.'-dijo él.
- 'Lo nuestro es amor a primera vista y lo demás son tonterías.'- le respondió ella.
Y no se volvieron a separar hasta que la muerte los separó, y aún así fueron enterrados juntos.

sábado, 10 de marzo de 2012

Beso dormido

Antes de irte, dame un beso. Haz que éste sea el más suave, lleno de amor y profundo, por si la próxima vez que nos veamos tú ya no respires o porque yo no forme parte de este mundo, por si la próxima vez que nos encontremos tus labios sean fríos y no sean capaces de moverse o por si yo no pudiera volver a sentir otro beso, para poder recordar el último beso siempre como si del mismo momento del beso se tratara, para que el amor que se sintió en ese último beso dure para siempre.

martes, 6 de marzo de 2012

Una gran lección aprendida

Era un día frío de invierno, ya había oscurecido y Lucía volvía a casa después de trabajar. Estaba muy cansada, pues había estado en la oficina durante largas horas a causa de un proyecto que tenía que tener terminado unos días después.
Lucía volvía en coche. Llegando a su casa tuvo que frenar bruscamente por culpa de un conductor que no había respetado un “ceda el paso” y que casi provocó un accidente. Éste bajó la ventanilla y le gritó indignado:
-       ‘Mujer tenía que ser.’
Lucía decidió ignorarle y reanudó la marcha, puesto que a ese tipo de personas había que ignorarlas.
Lucía llegó por fin a casa y abrió la puerta con esperanzas de que su marido le hubiera hecho la cena, tanto a ella como a sus hijos. Saludó cariñosamente a su marido como hacía cada tarde cuando llegaba del trabajo. Después fue a la cocina para ver si su marido había cocinado algo. Como cada tarde, se llevó una decepción: no había nada preparado.
-       ‘Amor, ¿Qué les has preparado a los niños para cenar?’- preguntó ella a su marido.
-       ‘Nada. Estamos todos esperando a que nos hagas tú la cena.’
Lucía se enfadó, pero no dijo nada, sino que fue a la cocina y preparó una deliciosa ensalada y unos filetes de pollo a la plancha. Comieron todos y los niños se acostaron. Lucía y su marido se sentaron en el sofá a ver la tele. Como siempre, él cogió el mando a distancia y puso el fútbol. Ella le dijo que le hubiera gustado ver una serie que emitían cada martes por la noche. Esto desembocó en una gran pelea, puesto que su marido no trabajaba, pero tampoco limpiaba la casa (ni siquiera ayudaba a limpiarla), ni  cocinaba, ni llevaba a los niños al colegio (ni los recogía). Es decir, no hacía nada: el día lo pasaba sentado en el sofá viendo la televisión o en el bar bebiendo cerveza con los amigos. Ni siquiera se preocupaba por que sus hijos hicieran los deberes. Para colmo, Lucía tenía que ver lo que él quería ver en la televisión cuando llegaba tarde de trabajar.
Tras la pelea, Lucía decidió que su marido iba a dormir aquella noche en el sofá, pues estaba muy enfadada y se fue a la cama.
A la mañana siguiente, como cada día, fue a trabajar y cuando volvió a casa se encontró con lo mismo de cada día: la casa hecha un desastre y su marido sentado en el sofá esperando a que llegara ella para hacerle la cena. Como estaba harta de la situación, Lucía sólo hizo la cena para Mario, su hijo de 7 años, y María, su hija de 16 años. Cuando su marido vió que ella no le había hecho la cena se enfadó y se fue al bar a tomarse unas cervezas.
-       ‘Mamá, ¿Por qué no le has hecho la cena a papá?’- le preguntó Mario a Lucía.
-       ‘Pues, porque mamá trabaja y no lo puede hacer todo ella sola y si papá no trabaja ni hace nada su deber es colaborar con mamá.’- le respondió Lucía.
-       ‘¿Igual que nosotros cuando nos dices que hagamos la cama y no la hacemos?’-le preguntó Mario.
-       ‘Sí, cariño, sí.’
Mario ya no preguntó nada más, sino que dejó la comida y fue corriendo a su habitación a hacer la cama. Cuando volvió a la mesa para comer, Lucía le preguntó adónde había ido y Mario le dijo que no había hecho la cama y que había ido a hacerla para que ella no la tuviera que hacer. Lucía se rió pero ya no dijo nada más.
Cuando Lucía se despertó a la mañana siguiente notó la ausencia de su marido en la cama. Pensó que quizás estuviera dormido en el sofá, pero tampoco estaba allí, así que aunque estuviera preocupada por su marido decidió no llamarle para averiguar dónde estaba y empezó a preparar el desayuno. La casa estaba en pleno silencio, un silencio que molestaba. De pronto, Lucía sintió que alguien le tocaba la cintura y se sobresaltó, no se lo había esperado: no había escuchado a nadie venir. Giró la cabeza y vió que era su marido, quien estaba vestido y recién duchado, algo raro en él para ser por la mañana temprano.
-       ‘¿Y tú por qué te has vestido tan pronto?’- le interrogó ella extrañada.
-       ‘¿Acaso no puedo llevar a mis hijos al colegio?’- le contestó él con otra pregunta.
Ella decidió callarse. Lo prefería así porque una nueva pelea sólo provocaría que él se enfadara, no llevara a sus hijos al colegio y que sus hijos llegaran tarde. Simplemente preparó el desayuno y no dijo nada más al respecto.
Aquella tarde, cuando volvió a casa de trabajar, encontró a su marido tumbado en el sofá, como cada tarde, pero esta vez no estaba él en pijama. Ella pensó que esto era muy raro. Además, la casa estaba muy limpia.
Cuando entró en la cocina vió que no había vasos sucios ni nada parecido y que estaba todo limpio. No se lo creía, así que fue al comedor y se llevó una gran sorpresa al encontrarse la cena ya puesta en la mesa, dos copas de vino ya servidas y la mesa llena de pequeños corazones de papel de color rojo. Ella lo observó todo boquiabierta. Cuando se dio la vuelta para dirigirse al salón para darle las gracias y un beso a su marido, se encontró con que éste estaba en la puerta.
-       ‘Nuestros hijos ya han cenado. Mario está acostado y María está terminando de hacer unos deberes de biología. Me he dado cuenta de que tú sola no lo puedes hacer todo y que yo debo ayudarte. Debo decirte que tenemos una cosa muy importante que celebrar.’- hubo una larga pausa en la que ella le miraba extrañada mientras se preguntaba de qué trataba.-‘Tengo trabajo. Mañana empiezo. Esta mañana hice la entrevista. A partir de ahora seré conserje en un instituto.’
Ella se alegró muchísimo y lo felicitó. Mientras cenaban planearon cómo se podían repartir entre todos las tareas del hogar y a partir de ese día todo cambió: todos ayudaban siempre en casa y el marido de Lucía se encargó de preparar la cena cada noche.
Mientras, en otro lado de la ciudad, había un hombre llamado Gregorio que vivía con Elsa, su novia. Tanto Gregorio como Elsa habían estado anteriormente casados con otra pareja. Elsa había tenido una hija con su exmarido y Gregorio había tenido una hija y un hijo con otra mujer. Elsa había llegado a un acuerdo con su exmarido y éste cuidaba de los niños durante el fin de semana y ella en los días laborables. Sin embargo, Gregorio no tenía esa suerte, sino que su exmujer tenía la custodia total de sus hijos, la cual le había sido concedida porque ella había alegado que su marido le maltrataba físicamente, pero la realidad era otra distinta. Gregorio no sería capaz de hacerle daño ni a una mosca. Su exmujer obviamente no tenía pruebas de este maltrato pero, aún así, por pena y porque era una mujer “indefensa” el juez le había concedido la custodia total de sus hijos e incluso le había impuesto una orden de alejamiento para que éste no se pudiera acercar a sus hijos.
Poco a poco, tras sufrir muchísimo y tras luchar por conseguir la custodia compartida, consiguió que el juez le creyera a él y el juez le concedió a él la custodia completa y mandó encarcelar a su exmujer por haber mentido a la ley.
En el colegio un día, Pablo, hijo de Gregorio, le preguntó a Matilde, su profesora, por qué las niñas podían vestir de rosa y por qué a los niños no se les podía regalar flores. Matilde, sin embargo, no le pudo responder.
-       ‘¡Pero eso es injusto! Yo soy niño y me gustaría que me regalaran una flor. Son muy bonitas.’- le dijo Pablo.
-       ‘Sí, Pablito, es muy injusto, igual que el hecho de que a mí me pagan menos por estar aquí que lo que le pagan a un hombre.’
Pablo insistió en que aquello también era muy injusto y se enfadó. Matilde le preguntó por quién o por qué estaba enfadado, a lo cual Pablo respondió:
-       ‘Con el mundo, porque no es justo que en este mundo se impidan hacer cosas por ser mujer o por ser morenito o por hablar raro.’
-       ‘Tienes razón, Pablito, y por ello tienes que aprender y hacer que los demás aprendan que todos somos iguales y que debemos tener los mismos derechos que los demás.’
Aquel día y aquellas palabras de Matilde nunca se le olvidaron a Pablo y durante el resto de su vida intentó inculcar esos valores a todo el que no los tenía. A muchos logró convencerlos, aunque a algunos no, pero logró cambiar la forma de pensar de muchas personas.
Pablo se hizo profesor en una universidad y un día escuchó una conversación ajena. No tenía la intención de escucharla ni quería, pero acabó escuchándola:
-       ‘¿Has visto cómo está Amanda? ¿A que está para comérsela?’- preguntó David, uno de sus alumnos, a otro.
-       ‘ Sí, tío,  pero es una puta de cuidado’- le contestó Gabriel, el otro alumno.
-       ‘Oye, ahí va Ricardo, ¿Se follaría a Eva al final?’- le preguntó David.
-       ‘No sé, han pasado dos días desde que quedó con ella, seguro que se ha tirado a otras cinco chavalas en este tiempo.’
-       ‘Ya ves, tío, es el dios del sexo: se las lleva a todas a la cama sin hacer prácticamente nada para camelárselas.’
Tras escuchar esa barbaridad, Pablo entró a la clase donde debía dar la clase unos minutos despues. Aquel día decidió no dar el temario, sino una lección sobre la igualdad, no sólo de género sino también racial, homofobia, etc.
Pablo hasta después de muchísimo tiempo lo supo, pero con su charla hizo ver a un alumno, Marcos, quien maltrataba física y psicológicamente a su novia (nieta de Lucía) , a quien en realidad amaba sin medida, que ya no debería maltratarla, sino mostrarle todo el amor que pudiera. Inspirado por Pablo, Marcos hizo lo mismo que Pablo: intentar enseñar la valiosa lección de que todos somos iguales.
Un día, sentado en un bar tomándose una cerveza, Marcos conoció a un señor extranjero y con él habló de la igualdad de género. Éste, al saber que Marcos, que ahora también era profesor, daba lecciones sobre la moralidad en sus clases para hacer a sus alumnos más tolerantes, le pidió su nombre e información para poder contactarle. Este hombre, quien no había revelado su identidad en ningún momento, era uno de los encargados en decidir quién merecía un premio nobel.
Marcos recibió el premio nobel de la paz, lo que le pilló por sorpresa, pero en el acto de entrega dijo lo siguiente:
-       ‘Este premio será eternamente agradecido, pero yo no soy quien se lo merece. Veréis, yo sólo he hecho lo que he hecho gracias a un profesor que tuve en la universidad, Pablo García. Debo confesar que, cuando conocí a Pablo, yo era un monstruo. Maltrataba a mi pareja tanto psicológicamente como físicamente. Nadie lo sabía entonces, o eso creo, pero gracias a Pablo, que un día nos dio una lección sobre la igualdad de género, dejé de ser ciego. Por fin vi la realidad y dejé de tratar así a mi pareja, la cual siete años después se casó conmigo y tuvimos tres hijos. Ahora ella es la persona más feliz del mundo, gracias a mí, a que en su momento supe cambiar y tratarla bien. Sólo me arrepiento de una cosa, y eso es de no haberla tratado bien desde un principio. Aún así, si yo no hubiera cambiado mi forma de ser cuando lo hice, no sólo hubiera destrozado la vida de ella, sino también la mía, ya que sin ella y sin su amor y cariño, yo no soy nada. Dicho esto, me pondré en contacto con Pablo cuanto antes para entregarle a él este premio, puesto que es quien de verdad se lo merece.’
Marcos pensaba que con lo que había contado iba a haber rechazo por parte del público, pero se encontró todo lo contrario, no hubo ni una persona en aquella sala que no aplaudiera. Lo importante es que había aprendido la lección y que ya no despreciaba a las mujeres por ser mujeres.

martes, 30 de agosto de 2011

Encuentro inesperado

Mi pelo dorado cubría mi cara, el viento hacía que se saliera de su sitio. Eran las 7 de la mañana y empezaba a amanecer, a pesar de que aún quedaran estrellas en el cielo. Yo me encontraba sentada en el borde de un precipicio desde el que podía contemplar la ciudad y el mar. Siempre me había ido hasta allí cuando estaba triste. Una lágrima recorría mi cara al recordar que aquel día estaba obligada a unirme en matrimonio con aquel monstruo. Después otra. Y una más. Y otra. Ya no podía contener mi tristeza y no pude evitar llorar sin parar. Miré hacia una estrella y le supliqué que me ayudara.
- ¿Qué haces aquí sentada al borde de un precipicio en un vestido de novia?
Levanté la vista y estaba allí el chico más guapo que había visto nunca. Se acercó aún más y se sentó a mi lado.
-Cuéntame, ¿Qué te pasa? -me dijo- No me gusta ver a mujeres tan bonitas llorando.
Yo normalmente no contaba mis problemas a nadie, pero él me inspiró tanta confianza que decidí contárselo. Entonces, cuando se lo había contado, se levantó y puso la mano para que se la cogiera. Se la cogí y me ayudó a levantarme.
-¿Cómo has llegado?- me preguntó.
-Andando-le contesté.
-¿Andando? ¿Tan lejos? ¿Y con el vestido de novia y el velo y todo? Bueno, yo he venido en coche, así que súbete.
- Va en contra de mis principios subirme en el coche de un desconocido, lo siento. Aún así, muchas gracias-le dije.
-No me consideres como un desconocido. Soy tu vecino de al lado, llevo escuchando las peleas con tu pareja desde hace meses y te vi salir de la casa esta mañana y te seguí con el coche para asegurarme de que estabas bien. Me llamo Jorge, por cierto.
-Es verdad. Yo soy María. Gracias.
Entonces me subí a su coche y me llevó a casa. Yo iba a volver a mi casa, pero me agarró del brazo.
-Porfavor no cometas el grave error que estás a punto de cometer- me suplicó.
-Pero debo hacerlo, sino me seguirá hasta donde sea para matarme.
-Coge las cosas más importantes de tu casa y quédate unos días en la mía. Denúncialo y ven conmigo a otra ciudad. Deja que yo te proteja, por favor. No puedo dejarte así.
-No me conoces de nada, no tendrías que preocuparte, a ti mi vida no te tiene que importar-entonces fui corriendo a mi casa.
-Sí me importa tu vida y me importas tú. Te he estado observando desde que vivo aquí y eres la persona más bella que he conocido en mi vida y, por lo que he visto, la persona más buena que me he podido encontrar. Ven conmigo, por favor.
De repente se me subió la adrenalina. Entré corriendo a casa, cogí la maleta y la llené de mis papeles importantes y de algo de ropa y fui corriendo a su casa.
Al día siguiente denuncié a quien iba a ser mi marido por malos tratos y por amenaza de muerte. Tras 9 meses de lucha, por fin lo encerraron en la cárcel durante 30 años, en los cuales me dio tiempo a cambiar mi identidad y a mudarme a otra ciudad y rehacer mi vida junto a Jorge, de quien acabé enamorándome, ya que su gran corazón logró conquistarme del todo. Por fin viví mi cuento de hadas.

lunes, 25 de julio de 2011

Ojalá

Ojalá te dejaras conocer, ojalá dejaras que descubriera tu mundo, por el cual me gustaría viajara como quien viaja por primera vez por la selva del amazonas. Ojalá me dejaras descubrir tu sinceridad, tu bondad y tu fidelidad. Ojalá dejaras que descubriera qué hay detrás de esa gran sonrisa y qué hay detrás de una lágrima caducada. Ojalá dejaras que te contara por qué sonrío. Ojalá quisieras intentar que sonriamos juntos. Ojalá desconectaras, con que sea media hora, de tu mundo para descubrir otro, el de los sentimientos. Ojalá me dejaras que te muestre mi mundo y el por qué de mi manera de pensar. Ojalá me llevaras a ver brillar con que sea una sola estrella, para que ilumine una pequeña parte de mi camino. Ojalá me dejaras descubrir la maravillosa persona que pienso que eres. Ojalá quisieras que nos uniéramos como dos gotas de lluvia para intentar formar un charco de agua. Ojalá los deseos fueran realidades y no sólo quedaran en simples deseos.

jueves, 21 de julio de 2011

Romance melancólico en París

Eran las 10 de la noche. Yo me encontraba sentada sobre mi cama, en mi estudio de París, observando la torre Eiffel mientras caía suavemente la nieve sobre ella. Se encontraba iluminada, aunque la única iluminación que había a su alrededor aparte de la suya era la débil luz de las antiguas farolas parisinas. La luna, junto a las estrellas, iluminaba a una pareja que se besaba apasionadamente bajo la nieve. Entonces es cuando me acordé de él, de las pocas tardes que había pasado con él allí, también besándome con él bajo la nieve. Recordé sus frías manos, heladas por el frío, sus calientes labios, que a su vez calentaba los míos, sus brazos que sin palabras afirmaban que yo era suya y sólo suya y que no me dejarían marchar jamás, su cuerpo en sí, que no quería separarse del mío, sus ojos que me pedían con su mirada que no le dejara marchar o que me fuera con él hasta el fin del mundo. Lágrimas empezaron a recorrer mi cara y a resbalarse por mis mejillas. Él me seguía amando y yo a él, sólo nos separaban unos kilómetros y, aunque yo supiera que dentro de unos meses nos volveríamos a ver, estaba triste porque lo echaba de menos. Entonces,  miré las estrellas y escuché la sonrisa inocente de un niño y, seguidamente, observé cómo un niño rubio con capa jugaba con un zorro bajo la torre. Entonces me di cuenta de quién era: el principito. Y también recordé cuánto el principito amaba a su rosa, igual que yo a la mía. Poco a poco el principito y el zorro desvanecieron y me di cuenta de que era un truco de mi imaginación y decidí escribirle una carta a mi rosa recordándole cuánto le amaba. Pocos días después, recibí una corta contestación: "te amo y te amaré siempre. Eres la luz más bella que ilumina mi vida. Cásate conmigo".

sábado, 9 de abril de 2011

An interesting day

She ran through the woods without looking behind, trying to not trip up and fall over. She didn't know where she was going, but she didn't care. She just wanted to get out of there as soon as possible, before her life was taken away from her. She didn't know who was following her, but she didn't care either, all she wanted was to reach a safe place.
All she knew was that she was in Epping forest walking Socrates, her labrador, when she heard something running up to her from behind. When she turned round there was this man with enourmous fangs and covered in blood. He was ver pale, but very good-looking too, although his eyes looked like he hadn't slept for at least a thousand years.
In the end she tripped on a stone and fell to the ground. Socrates barked and barked at the "man", but could do nothing. The man kneeled down beside her, where she lay hopeless. He caressed the skin on her neck. She knew what he was, even though she had always thought that vampires did not exist. Then, she suddenly decided to fight against him, because that way she might escape harmless. She could not surrender so easily. Then she punched him in the face.
- 'A knuckle sandwich is a healthy option when your on a diet and not allowed to drink blood'- she said jokingly.
She ran again as fast as she could. Then she suddenly found herself in a part of the forest that she knew very well and  she remember that, not far away, there was a graveyard where there were many crosses and she also remembered that vampires did not like crosses, so she ran even faster to get there as soon as possible. After no longer than two minutes she had reached the graveyard gate. She opened it and entered the graveyard. The vampire, not realising where they were, entered the graveyard after her and then suddenly realised he was standing in front of a big steel cross. He tried to run away from the cross, but he couldn't: his legs would not move, it was as if he was glued to the ground. His body, bit by bit, started to feel still and hard. He looked down: he was turning into a stone statue.

jueves, 7 de abril de 2011

Me encanta

Me encanta cuando te pones nervioso sólo con mi presencia, cuando con mis palabras te poner pálido, cuando tiemblas cuando te acaricio, cuando te asustas cuando te digo todo lo que deseo hacerte, cuando la sangre fluye por tus venas cuando te acaricio en ciertas partes, cuando hago de tu cuerpo frío una hoguera ardiente con sólo subirme encima de ti y tu rostro cuando me haces aullar como una loba salvaje en celo. Todo ello y más me encanta.

domingo, 3 de abril de 2011

Tyler & Lucy

It was dawn. Lucy decided to go down to the graveyard to visit her lifeless friend, Tyler. He had been her best friend since they were small, she had also been in love with him for years. And now his body remained still. He had died 3 weeks ago and she went to the graveyard every morning. Life was so painful without his presence...
It was winter and it was cold outside. It was raining, but Lucy didn't care. She felt the need to visit Tyler's grave every day. He had died in a car accident when he had just turned 19 and Lucy had been in the same car at the time, but she had escaped without one little cut. She had felt guilty ever since.
She walked through the park, as the graveyard was at the other side of it. When she went past the great lake that was in the park, she observed a very strange phenomenon: all the swans were staring at her and were singing. Lucy had heard that swans only sang when death was close. She was amazed by the precious sound the choir of swans made. She carried on.
When she reached the enourmous lychgate, she stood underneath it for a few minutes because it was raining a lot. Meanwhile she observed each detail of the gothic-style Abbey that was in front of her. After fifteen minutes, the rain had stopped a bit, so she proceeded to go to Tyler's grave. When she got there, there was a stone bench in front of Tyler's grave. On top of the bench there was a black rose and, underneath it, a letter adressed to Lucy. She opened it, and read it. All it said was "Your time is close. Run so that it doesn't catch you!". Lucy recognised the writing on the letter: it was Tyler's. But, that was impossible, Tyler was dead. It was written from Tyler's fountain pen too! Lucy decided to sit on Tyler's grave, leaning her back on his headstone, as she usually did. Suddenly she saw a piece of paper floating in the air and falling into her hands. It said "Run! Save yourself!". Lucy ignored it again. She wanted to die, she wanted to be with Tyler, in a place full of peace, where they could be always together. Suddenly, she saw a person appear in front of her: it was Tyler! "Lucy, please run! Death is approaching!"
-'No! I want to be with you! I am lonely in this world without you! I...I...'
-' You love me?'
-'Yes'
A man in a long black cape appeared behind Tyler. He stood next to Lucy.
- 'We have to make this death look like a suicide'-he said.
- 'Give me a knife'- Lucy answered-'I shall kill myself, then you can take my soul'.
- 'f you want to be like Juliet...'
- ' What do you mean?'
Tyler disappeared. The man in the long black cape gave her a dagger made of silver and red rubies. She pointed it to her heart.
-' No, Lucy, no! Stop! Don't do it!'
It was Tyler running across the graveyard, but it was too late. Lucy had used all of her strength to make the dagger cut through all of her flesh and through the whole of her heart. When Tyler reached her, she was laying on the ground. The man in the long black cape was laughing. When Lucy stopped breathing, Tyler pulled the dagger out of her heart and stuck it in his own heart. He fell on the floor and layed next to Lucy. After a few seconds, both bodies were laying on the ground, lifeless. They had both been tricked by death, but they were together for the rest of the eternity in a very peaceful place.

lunes, 28 de marzo de 2011

Calor en una tarde de verano

Era una soleada tarde de verano. Yo paseaba por el parque de mi pueblo. Decidí sentarme. Aquel parque era precioso, había muchísimos árboles y también había un enorme lago donde había barcos para remar por él. A lo lejos vi un chico superguapo, cuyo pelo era rubio y cuyos ojos eran azules, en los cuales mis ojos navegaron durante un rato. No llevaba camiseta, supongo que debido al calor, así que me fijé en cada detalle de sus esculpidos abdominales. Cuando me quise dar cuenta le estaba mirando el enorme paquete que tenía bajo el pantalón y él se acercaba cada vez más a mí.
- "Hola guapísima, ¿cómo te llamas?"- me dijo mientras me miraba a los ojos.
- "Me llamo Eva, ¿y tú quién eres?"- le contesté.
- "Me llamo Eduardo, pero por mi barrio me llaman el casanova, ¿te apetece dar un paseo conmigo?"
- "Me apetece mucho la verdad".
- "Vamos, pues."
Dimos un largo paseo por el parque hasta que llegamos a una parte del parque que más bien parecía un bosque, donde nadie solía ir y donde estábamos totalmente ocultos por las plantas. Allí empezamos a besarnos y cada vez nos besábamos más fuerte. Era obvia la atracción sexual que había entre nosotros. Poco a poco empezó a desnudarme, sacándome la camiseta por la cabeza mientras su otra mano subía por mi entrepierna. Cuando me la había quitado, besó mi cuello y poco a poco fue descendiendo hasta llegar a mis pechos, quitándome a la vez el sujetador dejando mis suaves melocotones al descubierto, donde la brisa fresca y el roce de sus manos hicieron que mis pezones endurecieran y se irguieran.
Nos caimos al suelo, sobre el césped, donde yo decidí jugar con su pene, acariciándolo, besándolo y chupándolo hasta que se corrió por primera vez del tacto suave y calentito de mi boca. Mientras se corría, yo acerqué mis tetas para que su semen cayera sobre ellas y luego acerqué mi lengua para saborear aquel dulce líquido, cuyo sabor era parecido a la leche condensada. Este sabor me resultaba peculiar, porque el semen casi siempre sabe a agua del mar.
Entonces, él se abalanzó sobre mí y me metió su polla hasta el fondo, habiéndome previamente quitado el tanga y la minifalda. Empezó a moverse, como si de una mecedora se tratara, haciendo que yo aullara como una loba salvaje en celo bajo la luna llena de una noche de verano una y otra vez. Él no tardó mucho tiempo en empezar a gritar también. Poco después ambos llegamos a la vez al clímax, la cima más alta del placer, y yo sentí cómo se corría por segunda vez, esta vez en mi interior, donde yo sentía un suave calor y un gran placer.
Después se tumbó en el suelo y, habiendo notado que él seguía cachondo, me subí encima de él y empecé a moverme como yo sé que les gusta a los hombres que se muevan encima suya y volvimos a alcanzar el clímax, pero esta vez con más intensidad y él se corrió por tercera vez en mi vagina, donde entraba el semen como si de una gran corriente de agua se tratara.
Finalmente, debido al cansancio y al calor, me tumbé a su lado sobre el césped donde dormimos durante unas horas.

domingo, 13 de febrero de 2011

"Me encanta la televisión: cuando alguien la enciende, me voy a la habitación de al lado para leer un libro"

Es increíble que un mundo entero dedique gran parte de su tiempo libre a ver la tele o a jugar a videojuegos. No digo que yo no la vea (para las noticias, algún documental y poco más), ni digo que yo no juegue con  videojuegos (baking life, en facebook), pero es absurdo que la gente se dedique a ver emisiones como Gran Hermano, que está repleto de vulgaridad, incultura y obscenidad. De los programas de cotilleo ya ni hablemos: ¿a quién le importa que algún famoso le haya sido infiel a su esposa? Y encima ella es inculta a más no poder y quiere presentarse a presidenta y, por ello, la llaman la princesa del pueblo. A todo esto, ¿princesa del pueblo? ¿Qué tiene ella de princesa? Nada. Las princesas no son vulgares, no son incultas y, desde luego, no aparecen en los platós de televisión armando un escándalo distinto cada semana que, a todo esto, a saber si estos escándalos son verídicos: ya parecen inverosímiles.
Estos son los programas de televisión que hacen que a la mayor parte de la población (debo añadir: inculta) sólo se interese por qué hace la vecina, cómo viste, adónde va, si es guapa o fea, si está gorda, con quién va, si es virgen, y aparte de ahí se crean rumores no verídicos que los demás incultos se creen y de ahí aparecen críticas sobre esa persona (e incluso discriminación). Si estas personas se dedicaran a otras cosas, como la literatura o el cine, esto no ocurriría.
Desde luego, opino tajantemente que esta sociedad debería acabar en un gran cubo de basura.

domingo, 30 de enero de 2011

Descanso

Siento que la muerte me arropa bajo sus sábanas después de leerme el largo cuento de mi corta vida. Me dice que después de 19 años ya es la hora de dormir, de descansar, que ya he jugado bastante y estoy cansada. Tiene razón: noto cómo poco a poco mi cuerpo cada vez se cansa más y ya no aguanta. Mi único deseo es dormir entre las sábanas de la muerte que cada vez más me tapan, que, poco a poco, mi cuerpo se descomponga, convirtiéndose en un simple esqueleto, después en polvo y después en nada. Mi recuerdo quedará en el olvido y sólo quedará una pequeña parte de mí en la memoria de aquel que más me amó. Yo descansaré en un lugar pacífico, en la cima de un pequeño monte, desde el cual mi espíritu verá el pueblo donde crecí y recordará día tras día todos los buenos recuerdos. Allí me volveré a encontrar con un amigo, al que perdí hace un año y medio, durante la noche del 12 de julio. Observaré cómo al poco tiempo de mi muerte habrá flores delante de mi lápida, y cómo cada vez habrá menos. Observaré cómo la persona que me ama pasa las horas entristecido, delante de mi tumba y, aunque ni me pueda oír ni tocar, le cogeré de la mano y le pediré que por favor no llore por mí, que sea feliz y haga que su vida avance, que yo no soy lo esencial, que él tiene que amar otra vez y olvidarme, que todavía es joven y que no quiero que se amargue por mí.
Mis escritos también quedarán en el olvido, o quizá en un vago recuerdo de alguna persona. No habré conseguido alcanzar mi sueño (escribir un bestseller), pero por lo menos habré escrito todo lo que quise escribir.
Quedaré quizá en el recuerdo de mi mejor amigo, que algún día viajará a Londres y me recordará, recordará aquel viaje que siempre quisimos hacer y que nunca habremos hecho, no olvidará ir a la Abadía de Westminster, la cual él sabe que es mi lugar favorito en todo el mundo. Quizás tenga la suerte de poder escuchar las notas musicales que provienen del órgano, mientras observa la belleza de la abadía, con sus tribunas, sus bóvedas y sus columnas, sus placas conmemorativas y su libro con los nombres de los que lucharon contra los alemandes en la I Guerra Mundial, donde aparece mi apellido.
Cuando vuelva de ese viaje, vendrá al lugar donde descanse yo a contarme todo lo que ha visto y todo lo que ha vivido y me confirmará que tengo razón en que Londres es la ciudad más bella de todas.
La muerte pone sobre mi cuerpo una rosa negra y me dice que en breve me dará un beso de buenas noches.